Cómo recuperar tu energía cuando la vida te ha dejado a cero

Existen ciertas etapas duras en la vida en que el estrés, el agotamiento, la frustración y muchos otros factores conspiran para dejarte seca, con el depósito de energía a cero y sin fuerzas. Cuando esa etapa acaba, estás tan pero tan agotado, y sus sinónimos:

  • exhausto, extenuado, consumido, macilento, marchito, debilitado, postrado, fatigado, cansado, flaco, seco, enflaquecido, desganado, impotente, débil, acabado, gastado, arruinado, destrozado, empobrecido, vacío

que:

  • sientes que todo el cuerpo te duele como si te hubieran dado una paliza
  • intentas volver a arrancar, pero no hay forma, vuelves a caer al fondo del hoyo una y otra vez
  • pruebas diferentes métodos (tomar vitaminas, meditación, hablar con algún experto…) sin éxito
  • te das por vencido: no crees que lo que te pasa tenga solución

El estado anterior puede venir causado por un despido, una situación de agobio, ruptura de pareja, fallecimiento de algo cercano… y otras mil y una causas que nos ponen a prueba y nos enseñan la dureza de la vida de vez en cuando. Y claro que sí, claro que tiene solución. Antes de nada, debes aceptar que eres humano, y que el cuerpo pide tregua después de una prueba particularmente insoportable y fatigosa. Nos ha pasado a casi todos en uno u otro momento.

Hoy te cuenta un sencillo sistema que aprendí hace tiempo, cuando intentaba recuperarme de una de esas palizas vitales. Lo leí en Internet, venía de una autora que apreciaba mucho, pero aún así me pareció una tontería al principio. ¿Cómo iba a funcionar aquello, y menos aún con lo que yo tenía encima? Pero decidí probarlo, porque yo soy de las que se apuntan a un bombardeo, la verdad. Total, era bien sencillo y no me costaba nada. ¿Los resultados? Asombrosos. Te los cuento después de explicarte cómo va.

NECESITAS

  1. Tu cuerpo
  2. Una alarma (puede ir incluida en el móvil o, en todo caso, en el reloj de pulsera) – Que de todas maneras tampoco es imprescindible. Solo se necesita de veras de veras el elemento 1 y como lo llevas incorporado… 😉

El ejercicio consiste en repetir 40 días seguidos, exactamente a la misma hora, el mismo gesto o acción. Sin fallar ni un día, que sino tienes que volver a empezar de cero. De hecho, yo tuve que volver a empezar la primera vez que lo intenté. Y mira que era fácil lo que tenía que hacer: había puesto la alarma del reloj para la misma hora cada día. Cuando sonaba la alarma, estuviera donde estuviera, con quien estuviera, o me hallara ocupada en lo que fuera, tenía que tocarme la punta de la nariz.

Y ya. Solo eso. Fíjate qué fácil. Pero el gesto o acción puede ser cualquier otro. Hombre, lo recomendable es que sea algo natural, que no llame la atención de los que te rodean, más que nada por no dar el cante de forma gratuita, ¿no? Gestos o acciones de este tipo los hay a millares: tocar una pared, carraspear, toser brevemente, alisarte el pelo, ajustarte la ropa, incluso apagar la alarma que suena, levantarte o sentarte -lo que quiera que sea lo contrario a lo que estés haciendo-, sonreír (estés solo o acompañado), etcétera, etcétera. Tienes donde elegir de sobra.

Mi experiencia fue fascinante. Empecé con pocas ganas, y por aquello de «bueno, si no funciona, tampoco pasa nada», pensaba. A los diez días tuve que volver a poner el contador a cero, porque no oí la alarma. Ups. No me notaba especialmente fuerte después de la semana y media, pero tampoco peor. La segunda vez que lo intenté sí que conseguí los 40 días completos. Cada día que pasaba ponía una marca en el calendario para saber cuántos llevaba y cuántos me faltaban.

A partir del día 15, empecé a notarme rara. Como un poco más vital y animada. Esa sensación se fue acentuando durante los días posteriores. Cuando llegué al día 40, estaba recuperada y ya había empezado otra vez a hacer cosas.

Me gustó tanto el método, por lo sencillo y por lo práctico (lo que más me gusta son las cosas que funcionan jeje) que lo incluí en mi libro El secreto de los brujos (también en versión ebook en Amazon, por si quieres saber más de cómo potenciar y recuperar tu energía).

Si te parece extraño que una práctica tan simple funcione, tiene su explicación. El cuerpo se siente agotado tras una prueba particularmente dura. Cuando poco a poco ve que tiene fuerza suficiente para proponerse un objetivo, y cumplirlo cada día, es un chute de energía cotidiana.

  • Le demuestra que puede volver a funcionar con normalidad.
  • Que, pese a los posibles fracasos y sueños truncados anteriores, todavía es capaz de ser eficiente y de lograr cosas.
  • Que hay futuro y ese futuro está plagado de posibilidades interesantes.

Si en algún momento sientes como que estás tocando fondo, y no puedes salir con facilidad, te animo a intentarlo. También sirve si la situación no es tan seria, pero te hallas de todas formas algo débil y necesitas una inyección vital que te ponga a cien (energéticamente hablando, jeje).  Mucha suerte.

chicaconenergia

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