Cómo librarte de la negatividad en lugar de arrastrarla durante días

Hey, ¿has tenido una temporada en que has estado, como se suele decir, ‘de bajón’, y no había forma de remontar ni nada que te ilusionara?

Tengo una noticia para ti: ¡FELICIDADES!¡ERES HUMANO!

La gran mayoría de nosotros, por no decir todos, hemos pasado por una etapa similar.

Y es horrible.

Pero va con el cargo. Ya sabes, lo de nacer, crecer, reproducirte, deprimirte, y adieu!

El problema es que nuestra reacción automática, cuando nos ponemos neuras, es tratar de huir de ese estado que nos invade como un gato del agua fría.

Bregamos y, cuanto más luchamos por recuperar el ánimo, más nos hundimos en la depresión.

He ahí nuestro fallo.

Nuestras emociones forman parte de nosotros.

No son unas aceptables y otras tóxicas o inaceptables, por mucho que lo digan algunos gurús un tanto perdidos.

TODAS, sin excepción, son válidas, y todas tienen su utilidad.

¿O acaso te gusta una de tus piernas más que la otra? ¿O te cortarías la mano izquierda porque total, la mayoría de las cosas las haces con la derecha?

Pues eso.

Nuestras emociones nos transmiten mensajes que nos ayudan a vivir mejor nuestra vida.

Imagínate que tienes a una especie de duendecillo que de vez en cuando se aparece sobre tu hombro para ‘soplarte’ cómo proceder mejor en determinada situación. O para avisarte de que te has estado ‘pasando’ en tu horario y ahora estás agotado y necesitas descansar, aunque tú te empeñes en seguir y seguir.

¿No agradecerías un entrenador así?

¡Pero si ya lo tienes!

¡Desde que naciste!

¡De hecho tienes muchos!

¡Se turnan para aparecer en el momento adecuado!

¡A veces trabajan en equipo, en otros casos uno se superpone a los demás y lo domina todo!

¡SON TUS EMOCIONES!

Ahora de lo que se trata es de que dejes de ignorarlas y minusvalorarlas, como la mayoría de nosotros ha hecho durante muchos años, y empieces a prestarles atención.

Porque en este mundo tan agitado en que vivimos, incluso cuando nos sentimos felices nos dura poco, porque seguimos con el cerebro en marcha, y ya nos hemos situado en el siguiente punto del día.

Ya ni te cuento si la emoción es de las que se llaman negativas. Tristeza, miedo, ansiedad, depresión, falta de interés, desidia,… En seguida nos aturdimos para no sentirlas, con comida, tabaco, alcohol, durmiendo, trabajando en exceso…

¡Cuando si realmente queremos llevar una vida plena el truco es sentirlas, y sentirlas hasta el final!

Imagínate a un cartero muy eficiente. Se para delante de la puerta de tu casa y llama. Pero tú no le quieres abrir porque tienes miedo de que te traiga una mala noticia. Entonces él aporrea más fuerte. Tú sigues pasando. Finalmente él derrumba la puerta y entra por la fuerza. Va a entregar su mensaje sí o sí. Y si todavía te resistes, entonces entramos en la etapa de riesgo de enfermedad. Porque la emoción va a entregar su mensaje, porque está programada para eso y, como habilidosa, cumplidora y eficaz que es, va a ir aumentando el grado de intensidad hasta que te des por enterado. Es la forma que tiene el cuerpo de avisarte de que te estás pasando:

  • de que necesitas descansar ya.
  • de que tus ritmos son demasiado intensos,  los de actividad, y escasos, los de descanso.
  • que das demasiada importancia a la actividad y desprecias los ratos dedicados a, digamos, oler las flores. Siempre los postergas y nunca acaban por llegar. Y el cuerpo los necesita.
  • de que no puedes seguir así mucho tiempo. O te tumbas, o te tumba.

De modo que hete aquí que ya estás decaído. Y ni siquiera muchas veces sabes por qué. Pues muuuuy senciiilllooo. Porque te has pasado y ahora toca bajar el ritmo. No tienes mucho interés por nada. ¿Bueno, y qué? Eso es sano por unos días. Déjate llevar y disfruta de tu abulia. No te fuerces. Escucha a tus emociones apagadas y a tu organismo. Si dejas que el mensaje se entregue por completo, en poco tiempo volverás a renacer con más ganas. Y ya sabrás qué hacer cuándo llegue el siguiente bajón, que aparecerá de forma más o menos cíclica: aprender a disfrutarlo, igual que disfrutas ahora la adrenalina de los días llenos de actividad. Tu vida se volverá más variada y más sana.

No huyas, no te opongas. Los americanos dicen: «Daddy knows best» (Papá sabe mejor). Bueno, pues aquí encajaría lo de: «Tu cuerpo sabe mejor». Hazle caso, anda, que no tenga que ponerse en plan sargento y darte algún susto.

Te recomiendo ver la película Intensa-mente (Inside Out) si aún no lo has hecho. Lo explica genial y es un argumento entrañable.

emociones

 

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