Entra en flujo y la vida te ayudará

Este párrafo, cuando lo leí en el Manual de Las Nueve Revelaciones (James Redfield), marcó mi vida: 

Una de las más grandes escritoras metafísicas que habla de la transformación es Shakti Gawain. En su libro Living in the Light, refiriéndose a su propio viaje, dice:

Finalmente, dejé de tener interés en controlar mi vida, en hacer que las cosas ocurrieran de la manera que yo quería. Empecé a rendirme al universo y a ver qué quería «él» que hiciera yo.
Descubrí que a la larga realmente no era muy distinto. El universo siempre parece querer que tenga todo lo que quiero, y parece saber cómo guiarme para crearlo mejor de lo que habría sabido hacerlo sola. Sin embargo, el énfasis es distinto. En lugar de pensar qué quiero, fijarme objetivos y tratar de controlar lo que me pasa, empecé a armonizarme de forma receptiva con mi intuición y a actuar en base a lo que ella me decía, no siempre comprendiendo qué hacía. Tenía la sensación de soltar el control, de entregarme y dejar que un poder superior al mío tomara el mando.

La autora describe lo que es entrar en flujo con la vida. Cuando lo leí, me sentí iluminada. Volví de vez en cuando a releerlo en los años siguientes. Casi llegué a aprenderlo de memoria. Aún sigue inspirándome. Pero todavía no soy capaz de ponerlo en práctica al ciento por ciento.

Fluir con la vida es entregarse a lo que la vida te ofrece en cada momento. Esa es la teoría. He descubierto que la vida te está ofreciendo constantemente cosas que te apetece hacer, pero que vas rechazando porque no tienes tiempo, porque estás demasiado ocupada con lo que TÚ tienes ya planeado para TU futuro (más lista que nadie), y en fin… Lo comparo con dos historias bien conocidas:

La primera es aquella de un hombre muy creyente que llega una gran inundación a la zona a la que vive y se lo lleva todo por delante, casas y gente. Pierde todo lo que poseía, y a duras penas logra trepar al tejado de la casa en que vivía. Desde allí observa con preocupación cómo el nivel del agua sigue subiendo y no tardará en alcanzarlo y se ahogará. Con la cara vuelta al cielo, aún así grita: «¡Tengo fe, Dios! ¡Sé que tú me salvarás!»

El agua sube centímetro a centímetro, pero llega una barquita con una persona remando y se ofrece a llevarlo a tierra firme. Él lo rechaza: «¡Dios me salvará! ¡No te preocupes por mí!».

A continuación llega una motora con varios miembros de Salvamento Marítimo, y se ofrece también a ponerlo al abrigo. Él tampoco acepta el ofrecimiento: «¡Dios me salvará! ¡Ya lo veréis!».

El agua ha subido tanto que ya le llega a la cintura, cuando le sobrevuelva un helicóptero que le lanza una escala para que suba por ella, y alejarlo de allí. Él les hace señas de que no hace falta y el helicóptero acaba alejándose.

Finalmente el nivel de la inundación sube tanto que se ahoga. Llega al cielo y, muy indignado, pide hablar en seguida con Dios. Una vez cara a cara con el Poder Supremo, le increpa:

«Señor, yo tenía tanta fe en Ti, y tú me fallaste. ¿Cómo es que no viniste a rescatarme, como te pedí?»

Y Dios le replica:

«Te mandé una barca, una lancha motora y un helicóptero. ¿Qué más querías?»

La otra historia también va de un hombre piadoso. Es de noche, y camina por un sendero oscuro al borde de un barranco. De repente, su pie resbala y cae, cae, cae, mientras chilla desesperado y se da ya por muerto. Pero una rama providencial se le enreda en las ropas durante su caída y lo sujeta, frenando el descenso. Queda medio colgando y en una posición muy precaria. Se pone a rezar como un loco a Dios para que lo salve de alguna forma. Entonces se oye un estruendo de las alturas:

-Soy Dios. He escuchado tus súplicas. Si de verdad crees en mí, ¡déjate caer!

El hombre escucha atónito. Está en medio de la noche, el viento sopla fuerte, y el barranco parece aterrador.

Se aferra más a la rama, hace caso omiso y sigue rezando y suplicando sin parar.

De nuevo se escucha el mismo vozarrón divino:

-Soy Dios. He escuchado tus súplicas. Si de verdad crees en mí, ¡déjate caer!

El hombre, aterrado, hace como que no oye.

Y pasan las horas y llega el amanecer y una fuerte helada. El hombre muere de frío, sus manos aún asidas con fuerza a la rama.

La patrulla de socorro que había ido a buscarle lo encontró así, congelado… ¡colgando a solo metro y medio del suelo!

Bien, la mayor parte del tiempo nosotros nos parecemos mucho a estos hombres. Pero en alguna rara ocasión nos dejamos ir, y entonces… ¡fluye la magia!

goingwiththeflow

Me pasó recientemente. Estaba muy presionada por los plazos de entrega de un manuscrito, y por otros trabajos que tenía pendiente. No daba abasto. Y de pronto… me surgió una oportunidad que me tentaba mucho, la de participar en una causa en la que creía al cien por cien. Tenía que colaborar escribiendo en su favor. Al principio fui reacia, pero la causa me había ganado, y sin darme cuenta me pasaba muchas horas al día embebida escribiendo, y retrasando el volver a mis otras tareas, más ‘serias’.

Fue un mes apasionante, lleno de emociones y concentración. Me lo pasé pipa, pero no hice nada para ganarme el sustento a la manera tradicional. Solo me dejé llevar por lo que me apasionaba, en lugar de hacer lo que tenía previsto. Lo curioso fue que pasé el mes igual que otros meses en que había sido más ‘responsable’, gané igual cantidad de dinero, que siguió fluyendo como si tal cosa, y que realmente recordaré siempre la experiencia. De hecho, me proporcionó además perspectiva sobre un problema con mi página, que no parecía estar creciendo lo suficientemente rápido pese a todos mis esfuerzos. Durante ese mes creció como la espuma, sin que yo hiciera nada por conseguirlo, salvo disfrutar con lo que iba publicando.

Suscribo por tanto al cien por cien el párrafo de Gawain. «El universo parece saber cómo guiarme para crear lo que quiero mejor de lo que habría sabido hacerlo sola». Visto lo visto, mi objetivo ahora es estar mucho más alerta a cuando vuelva a surgirme otro ‘viaje’ semejante. Si agarras el tranvía del flujo de la vida al paso, te aseguro que no te arrepentirás. Sabrás que estás en flujo porque a) te lo estás pasando genial y b) todo transcurre sin esfuerzo, no hay resistencias. Si te decides a soltarte la coleta por un rato como yo, no dudes en compartirlo con nosotros, para que nos muramos de envidia.

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