Sentir las emociones día a día, hora a hora, minuto a minuto – El camino para reconectar con tu equilibrio

Insisto mucho con el tema de las emociones, pero es que considero que es fundamental, y que la mayoría andamos muy perdidos en este aspecto.

Nos centramos una y otra vez en lo aprendido desde niños: racionalizar las emociones en vez de sentirlas.

Si nos sentimos heridos por alguien, damos vueltas y vueltas a lo ocurrido, y procuramos analizar todos los factores y buscar una solución ‘sensata’. Y mientras, un dolor sordo se está formando en la zona del estómago, pero como no lo dejamos salir, se pudre allí. Y tiempo después, por ejemplo, nos sorprendemos al saber que hemos desarrollado una úlcera.

Así es todo el tiempo, para muchos de nosotros. Venga a sobreutilizar la cabeza, cuando no lo necesitamos, mientras pasamos de otra parte fundamental de nuestro ser: los sentimientos.

Pues esto se acabó. Tenemos que marcarnos un plan de entrenamiento emocional intensivo y a diario.

Para empezar, este será nuestro único objetivo personal durante los tres próximos meses. No habrá más metas que esta, así no nos dispersaremos ni perderemos concentración.

Pongamos en marcha el reloj. Podemos usar el móvil, que en este caso nos será de mucha utilidad. Utilicemos una alarma horaria y discreta. Pondremos alarmas que suenen al cumplirse cada hora diurna, desde las 8 de la mañana a las 9 de la noche. Una de esos tonos que trae el móvil que suena casi sin que se nota, un pequeño zumbido, o el cucú.

Si no oímos la alarma, no pasa nada. Pero cada vez que oigamos ese sonido especial, nos centraremos en qué estamos sintiendo.

Teniendo en cuenta que reconectar con los sentimientos no es tan fácil como parece, al principio dejaremos que el cuerpo nos guíe:

  • ¿Sentimos dolor en alguna parte del cuerpo?
  • Si no hay dolor, ¿hay tensiones? ¿molestias?

Cinco contra uno a que si estás empezando detectarás no solo una, sino múltiples molestias por varias partes del cuerpo, que se revelarán en cuanto prestes un poco de atención. Ahora vete sintiendo una por una, deja que la molestia se manifieste plenamente. Solo tienes que prestar atención y escucharla. Sin pensar. Apaga la cabeza un ratito. Solo escucha al cuerpo.

Poco a poco esas sensaciones se irán atenuando y desaparecerán cuando vean que les prestas atención. Y entonces empezarás a percibir algo más profundo:

  • un ahogo si estás muy presionada en el trabajo.
  • ciertas ganas leves de vomitar si algo no te gusta.
  • un dolor en el pecho si alguien ha dicho algo que te hirió.

Y así sucesivamente. Poco a poco irás relacionando e identificando sensaciones.

Deja que la alarma siga sonando cada hora. Y sé muy, muy constante. Día tras día tras día. Este entrenamiento te será muy provechoso. Estás aprendiendo a identificar un área de tu vida, la de los sentimientos, que te servirá de ayuda. Te dará pistas para saber qué está pasando realmente en tu día a día, cómo te sientes al respecto de verdad, y cómo afrontar los problemas con una información más completa.

Por ejemplo, un compañero te pide ayuda. Es un poco cara, pero tú otras veces lo has ayudado, porque te gusta sentar plaza de buena colega. Sin embargo, esta vez, cuando vas a volver a decir que sí, notas un pinchazo en el pecho (llevas tres semanas de entrenamiento emocional intensivo). Te paras en seco. Pero lo descartas, y de nuevo vuelves a intentar decir que sí. Otro pinchazo. Antaño ni tan siquiera lo habrías notado. Ahora comprendes lo que realmente te dice tu cuerpo emocional.

Con decisión, te niegas a ayudar a tu compañero. Sin dar más explicaciones. Él se queda con la boca abierta. Tú vuelves al trabajo. Te sudan las manos, señal de que tienes miedo de las repercusiones de lo que has hecho. ¿Y si te pone a caer de un burro con el resto de colegas? Pero luego, una extraña paz se extiende por todo tu ser. Y sabes que has hecho lo que debías, porque las anteriores veces que has ayudado a ese colega lo has hecho forzada y de mala gana. Acabas de librarte de un lastre y tu cuerpo y tu espíritu están tranquilos.

¿Alguna vez te has entrenado para sentir, o eres uno de los pocos afortunados a los que les sale naturalmente? Cuéntanos.

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