El manifiesto ‘yo puedo’, con el que recargar las pilas cada mañana

Disfruto de virtualmente todo lo que me brinda la vida; me siento cómoda haciendo cualquier cosa y no pierdo el tiempo quejándome o deseando que las cosas fueran de otra manera. Siento entusiasmo por la vida y quiero todo lo que puedo sacar de ella. Me gusta salir de excursión, ir al cine, practicar deportes, asistir a conciertos, visitar ciudades, granjas, contemplar animales, montañas y realmente casi todo. Me gusta la vida.
Cuando estés cerca de mí, notarás la ausencia de lamentos e inclusive de suspiros pasivos. Si llueve, me gusta. Si hace calor lo disfruto en vez de quejarme. Si me encuentro en medio de una congestión de tráfico, o en una fiesta, o completamente solo, sencillamente actúo de la mejor manera posible. No se trata de disfrutar de todo lo que sucede, sino de una sabia aceptación de lo que es, de una rara habilidad para deleitarse con la realidad. Pregúntame lo que no me gusta y me costará darte una respuesta honesta. No actúo con la sensatez que significaría protegerme de la lluvia cobijándome bajo techo, porque la lluvia me parece hermosa, estimulante y algo que vale la pena experimentar. Me gusta. El fango no me enfurece: lo observo, chapoteo en él y lo acepto como parte de lo que significa estar vivo. ¿Me gustan los gatos? Sí. ¿Los osos? Sí. ¿Los gusanos? Sí. Y aunque las molestias como enfermedades, sequías, mosquitos, inundaciones y otras calamidades no me producen placer ni las acepto con entusiasmo, no gasto mis momentos presentes quejándome por ellas o deseando que no fueran así. Si hay que destruir ciertas situaciones, trataré de destruirlas. Y disfrutaré haciéndolo. Por más que trates, te costará descubrir algo que no me gusta hacer. Realmente amo la vida y realmente me sumerjo en ella disfrutando de todo lo que me brinda.
La gente sana y realizada como yo está libre del sentimiento de culpa y de toda la ansiedad que se produce cuando se usan los momentos presentes inmovilizándose por hechos que sucedieron en el pasado. Ciertamente puedo reconocer que he cometido errores y puedo prometer que evitaré repetir ciertos comportamientos que resultaron contraproducentes de alguna manera, pero no malgasto mi tiempo arrepintiéndome por algo que hice y que desearía no haber hecho, o molesta porque me disgusta algo que hice en algún momento de mi vida pasada. La total carencia de culpa es una de las características de las personas sanas como yo. Nada de lamentos por lo que pasó y nada de esfuerzos por lograr que otros escojan la culpa haciendo preguntas tan vanas como “¿Por qué no lo hiciste de otra manera?” o “¿No te avergüenzas de ti mismo?”. Doy la impresión de saber reconocer que la vida ya vivida es eso, y que por más mal que uno se sienta al respecto, nada podrá hacer para cambiar lo que pasó. Me siento libre de culpa sin ningún esfuerzo: porque es natural, nunca ayudo a los demás a escoger la culpa. Me doy cuenta de que sentirme mal en el momento presente sólo refuerza la pobre imagen de sí misma que puede tener una persona; es mucho mejor aprender del pasado que protestar por el pasado. No me verás nunca manipulando a los demás diciéndoles lo malos que han sido, ni tampoco podrás manipularme tú a mí con las mismas tácticas. No me enfadaré contigo, simplemente no te haré caso, te ignoraré. En vez de molestarme contigo, prefiero irme o cambiar de tema. Las estrategias que funcionan tan bien con la mayor parte de la gente fallan completamente con seres tan sanos como yo. En vez de hacerme desgraciada a mí misma o a los demás con sentimientos de culpabilidad, tranquilamente, sin mayor ceremonia dejo de lado la culpa cuando la encuentro en mi camino.
Igualmente no me atormento con preocupaciones. Algunas circunstancias que a otras personas podrían llegar a enloquecerlas apenas sí me afectan. NO soy ni planificadora del futuro ni ahorradora para el futuro. Rehúso preocuparme por lo que pasará en el futuro y me mantengo libre de la ansiedad que acompaña a las preocupaciones. No sé preocuparme. No es parte de mi manera de ser. No es que necesariamente esté todo el tiempo calmada pero no estoy dispuesta a pasar mis momentos presentes sufriendo por cosas que pueden suceder en el futuro y sobre las que no tengo ningún control. Estoy orientada principalmente hacia mis momentos presentes, y tengo una señal interna que parece recordarme que el 90% de las preocupaciones no se materializan nunca, y que ese hábito de preocuparse es una manera muy tonta de vivir el ahora.
Vivo ahora en el presente y no en el pasado o en el futuro. No me siento amenazada por lo desconocido y busco nuevas experiencias que no me son familiares. Me encanta la ambigüedad. Disfruto del ahora en todas las ocasiones convencida de que es todo lo que tengo. No hago proyectos para un acontecimiento futuro ni dejo que pasen largos periodos de inactividad mientras espero este acontecimiento. Los momentos que se viven entre los acontecimientos son tan viables como los acontecimientos mismos, y tengo una rara habilidad para sacar todo el goce posible de mi vida diaria. No soy “postergadora” ni de las que ahorran por si vienen tiempos malos ¡y aunque nuestra cultura no apruebe mi comportamiento, no me siento amenazada por reproches que no provengan de mí misma! Aprecio y disfruto ahora de mi felicidad y cuando el futuro llegue y se convierta en presente lo aprecio y disfruto también. Gente como yo goza siempre porque sencillamente nos damos cuenta de lo absurdo que es esperar para disfrutar. Es una manera muy natural de vivir la vida, un poco como un animal o un niño. Estoy demasiado ocupada en realizar plenamente el momento presente mientras que la mayoría de la gente vive esperando las retribuciones sin ser capaces jamás de cogerlas cuando se les presentan.
Soy notablemente independiente, una persona que se encuentra fuera del nido, y aunque puedo sentir gran amor por mi familia y estar muy ligada a ella, pienso que la independencia es más importante que la dependencia en todas las relaciones humanas. Sé apreciar bien muy bien mi propia independencia, el no depender de lo que puedan hacer los demás. Mis relaciones humanas se basan en el respeto mutuo al derecho que tiene el individuo a tomar sus propias decisiones. El amor de gente como yo no lleva implícita la imposición de los valores propios en el ser amado. Doy gran importancia a la intimidad del ser humano; lo que puede hacer que los demás se sientan rechazados. Me gusta estar sola a veces, y me preocupo mucho de proteger mi intimidad. No me comprometo sentimentalmente con mucha gente. Soy selectiva en lo que respecta al amor, pero soy también profundamente afectuosa. A las personas dependientes y no sanas les cuesta amar a seres así porque éstos son muy intransigentes en lo que respecta a su libertad individual. Si alguien me necesita rechazo esta necesidad por encontrar que es perjudicial para la otra persona tanto como para mí misma. Quiero que las personas que amo sean independientes, que hagan sus propias elecciones y que vivan sus vidas por sí mismos. Y a pesar de que puedo disfrutar de los demás y desear estar en su compañía, quiero más aún que los demás se las puedan arreglar sin muletas y sin apoyos. Así pues, en el momento que empieces a apoyarte en mí, te darás cuenta que yo por mi parte empiezo a desaparecer primero emocionalmente y luego físicamente también. Rehúso depender de la gente y que dependan de mí en una relación madura. A los niños les ofrezco un modelo de persona afectuosa e interesada, pero aliento su confianza en sí mismos casi desde el principio ofreciéndoles mucho amor en todas las oportunidades que se presentan.
Encontrarás muy poca búsqueda de aprobación en mí, como corresponde a un individuo feliz y realizado. Soy capaz de funcionar sin la aprobación y el aplauso de los demás. No busco honores como hace la mayoría de la gente. Soy muy independiente de la opinión de los demás, sin importarme prácticamente nada si a la otra persona le gusta lo que digo o hago. No trato de escandalizar a nadie ni de ganar su aprobación. Estoy interiormente dirigida y realmente no me preocupa ni me interesa la evaluación de mi comportamiento que hace la demás gente. No es que sea insensible al aplauso o la aprobación, pero no los necesito. Puedo ser incluso brusca porque soy honrada y no envuelvo mis mensajes con frases cuidadosamente pensadas para complacer a los demás. Si quieres saber lo que pienso, eso será exactamente lo que te diré. Igualmente, cuando tú digas algo sobre mí, no me destruirás ni inmovilizarás con tus palabras y opiniones. Usaré la información que me das, la filtraré por medio de mis propios valores y usaré lo que me sirve en mi propio beneficio y crecimiento. No necesito ser amada por todo el mundo, ni tengo excesiva necesidad de aprobación. Reconozco que siempre habrá quien desapruebe lo que hago. Soy un ser poco común en el sentido de que soy capaz de funcionar como soy, y no como dictamina un tercero.
Cuando me observas, notas una falta de enculturación. No soy rebelde, pero hago mis propias elecciones aunque esas elecciones entren en conflicto con lo que hace toda la demás gente. Soy capaz de pasar por alto las pequeñas normas sin importancia e ignorar tranquilamente los inútiles convencionalismos que son parte tan importante de la vida de mucha gente. No soy aficionada a asistir a “cocktail parties” ni hago conversación porque la buena educación lo aconseje. Soy dueña de mí misma y aunque considere que la vida social es parte importante de mi vida, me niego a dejar que ésta me gobierne o a convertirme en esclava de la misma. No ataco con rebeldía pero internamente sé cuándo pasar por alto ciertas cosas y funciono con la mente clara y en forma sensata.
Sé reír y hacer reír. Descubro el humor en casi todas las situaciones y me puedo reír de los acontecimientos más absurdos lo mismo que de los más serios y solemnes. Me encanta ayudar a los demás a reírse y me resulta fácil crear buen humor. No soy gente seria ni grave que camina por la vida con pasos de plomo y rostro severo. Más bien, soy una hacedora, activa, a la que a menudo se me reprocha por ser frívola en el momento inoportuno. No estoy a tono con los acontecimientos exteriores porque sé muy bien que no existe realmente el momento justo para hacer cualquier cosa. Me encantan las cosas desproporcionadas e incongruentes, pero mi humor no tiene hostilidad: jamás uso el ridículo para hacer reír. No me río de la gente, me río con la gente. Me río de la vida y lo veo todo como un gran divertimento, aunque tomo muy en serio mis proyectos. Cuando me echo para atrás y contemplo la vida, sé muy bien que no me dirijo a ningún sitio especial y soy capaz de disfrutar y de crear una atmósfera en la cual los demás pueden optar por el gozo. Soy una persona divertida que vale la pena tener cerca.

Me acepto a mí misma sin quejas. Sé que soy un ser humano y que serlo implica ciertos atributos humanos. Sé cuál es mi aspecto físico y lo acepto. Si soy alta, perfecto, pero si soy baja también. La calvicie está muy bien, lo mismo que una frondosa cabellera. Puedo soportar el sudor. No falseo mi aspecto físico. Me he aceptado a mí misma y por ello soy la persona más natural. Nada de esconderme detrás de artificios ni de disculparme por lo que soy. No sé ofenderme por nada que sea humano. Me quiero a mí misma y acepto lo que soy. Igualmente acepto todo lo que está en la naturaleza tal como es en vez de desear que fuera diferente. Jamás me quejo de cosas que no pueden cambiar como olas de calor, tormentas eléctricas o el agua fría. Me acepto a mí misma y al mundo tal como es. Sin pretensiones, sin lamentaciones, con una aceptación simple. Aunque me frecuentes durante muchos años, no me oirás rebajándome a mí misma o deseando de manera fútil algo imposible. Me verás actuar como gente activa y hacedora. Verás cómo tomo el mundo como es, como un niño que acepta el mundo natural y disfruta de todo lo que éste le ofrece.
Aprecio el mundo natural. Me encanta estar al aire libre disfrutando de la naturaleza, recorriendo gozosamente todo lo que aún está intacto, que es original y aún no ha sido estropeado. Me encantan las montañas, los atardeceres, los ríos, las flores, los árboles, los animales y virtualmente toda la flora y la fauna. Como persona soy naturalista, nada pretenciosa ni ceremoniosa y me encanta la naturalidad del universo. No ando ocupada buscando bares, tabernas, clubs nocturnos, fiestas convencionales, habitaciones llenas de humo y cosas por el estilo, aunque ciertamente soy muy capaz de disfrutar plenamente de ese tipo de actividades. Estoy en paz con la naturaleza, el mundo de Dios, si quieres, aunque soy muy capaz de funcionar en un mundo hecho por la mano del hombre. Soy también capaz de apreciar lo que ya no tiene interés para otros. Jamás me canso de un atardecer o de una excursión por el bosque. La visión de un pájaro volando es siempre un espectáculo admirable. Igual que no me canso de mirar a un gusano ni tampoco a una gata que da a luz a sus gatitos. Una y otra vez, nunca me canso de apreciar espontáneamente lo que la vida me va brindando. Algunas personas encuentran que ésta es una actitud muy artificial pero yo no me doy cuenta de lo que opinan los demás. Estoy demasiado ocupada en asombrarme por la amplitud de posibilidades que me brinda la vida para realizarme plenamente en el momento presente.
Tengo una percepción muy especial en lo que respecta a la conducta de los demás y lo que a otros les puede parecer complejo e indescifrable, para mí es claro y comprensible. Los problemas que inmovilizan a tanta gente son a menudo sólo pequeñas molestias para mí. Esta falta de compromiso emocional con los problemas me permite franquear barreras que para muchos son infranqueables. Tengo percepciones claras en lo que a mí misma respecta y reconozco inmediatamente lo que los demás están tratando de hacerme. Puedo alzarme de hombros y pasar por alto cosas por las que los otros se enfadan y quedan inmovilizados. Y ciertas cosas que pueden confundir a mucha gente que las encuentra insolubles, a mí no me amilanan y más bien las considero como simples y de fácil resolución. No estoy monopolizada por los problemas de mi mundo emocional. Para gente como yo, un problema es realmente sólo un obstáculo que hay que vencer y no un reflejo de lo que soy o dejo de ser como persona. Mi autovaloración está ubicada dentro de mí misma, por lo que cualquier problema externo puede ser visto objetivamente, y no, en ningún caso, como una amenaza o un desafío a mi propia valía. Éste es uno de los rasgos de mi personalidad más difícil de comprender, ya que la mayoría de la gente se siente amenazada por los acontecimientos externos, por las ideas o por la demás gente. Pero los seres independientes y sanos no saben cómo sentirse amenazados y esta característica hace que sean ellos los que parezcan amenazadores a los demás.
Nunca peleo inútilmente. No soy partidaria del autobombo para atraer la atención sobre mí misma. Si la lucha puede provocar un cambio, entonces lucharé pero jamás lucharé inútilmente. No soy mártir. Soy hacedora. Soy también gente que ayuda a los demás. Generalmente trabajo en cosas que le hacen la vida más agradable o tolerable a los demás. Soy una guerrera en la vanguardia del cambio social, pero no llevo mis luchas conmigo a la cama por las noches como caldo de cultivo de úlceras, enfermedades del corazón u otros desórdenes físicos. Soy incapaz de estereotipar. A menudo ni me doy cuenta de las diferencias físicas de la gente incluyendo las raciales, étnicas, morfológicas o sexuales. No soy una persona superficial que juzgue a los demás por su aspecto exterior. Y aunque pueda parecer egoísta y preocupada sólo de mi propio placer, en realidad paso gran parte de mi tiempo dedicada a servir a los demás. ¿Por qué? Porque me gusta hacerlo.
No soy enfermiza. No creo en la inmovilidad que producen los resfriados y los dolores de cabeza. Creo en mi propia capacidad para deshacerme de esas enfermedades y no ando contándole a los demás lo mal que me siento, lo cansada que estoy o qué enfermedades infectan mi cuerpo en la actualidad. Trato bien a mi cuerpo. Me quiero a mí misma y en consecuencia como bien, hago regularmente ejercicio (como sistema de vida) y rehúso experimentar el tipo de malestares que inutilizan a mucha gente durante diversos periodos de tiempo. Me gusta vivir bien, y así lo hago.
Otra característica de individuos como yo en pleno funcionamiento es la honestidad. Mis respuestas no son evasivas ni pretendo mentir respecto a ninguna cosa. Considero que la mentira es una distorsión de mi propia realidad y rehúso participar en cualquier tipo de comportamiento que sirva para engañarme a mí misma. Y aunque soy persona discreta evitaré tener que distorsionar la verdad para proteger a la gente. Sé que estoy a cargo de mi propio mundo y que otros también lo están Así me comporto de una forma que a menudo otros pueden considerar cruel, pero en realidad lo que hago es simplemente dejar que los otros tomen sus propias decisiones. Me enfrento eficientemente con lo que es, en vez de lo que ellos quisieran que fuera.
No culpo a los demás. La orientación de mi personalidad es interna y rehúso responsabilizar a los demás por lo que ellos son. Por lo mismo, no pierdo mucho tiempo hablando de los demás, ni estoy obsesionada por lo que los otros hacen o dejan de hacer. No hablo de la gente ¡hablo con ella! No culpabilizo a los demás; ayudo a los demás y a mí misma a poner la responsabilidad donde corresponde. No me meto en habladurías ni propago informaciones tendenciosas y malvadas. Estoy tan ocupada en vivir mi propia vida con eficiencia que no tengo tiempo de ocuparme de las pequeñeces que saturan la vida de mucha gente. Los hacedores como yo hacen. Los críticos culpan y se quejan.

No me preocupo mucho por el orden, la organización o los sistemas en mi vida. Practico mi autodisciplina pero no tengo necesidad de que las cosas y la gente encajen en mis propias percepciones de lo que deben de ser las cosas. No estoy llena de “debes” respecto a la conducta de los demás. Creo que todos tienen derecho a sus elecciones y que esas pequeñeces que enloquecen a otra gente son simplemente el resultado de la decisión de otra persona. No creo que el mundo deba ser de alguna manera especial. No me preocupa mayormente el orden y la limpieza. Existo de una manera funcional y si todo no es tal cual yo quisiera, encuentro que eso también es correcto. Para mí, la organización es simplemente una manera útil de actual y no un fin en sí misma. Y justamente por esta falta de neurosis organizativa es por lo que soy creativa. Emprendo cualquier cosa a mi manera única y particular, ya sea el hacer un plato de sopa, escribir un informe o cortar el césped. Aplico mi imaginación a mis actos y el resultado es una manera creativa de hacer las cosas. No siento la obligación de hacer las cosas de cierta manera. No consulto manuales ni hablo con expertos: simplemente ataco el problema de la manera que me parece más apropiada. Esto se llama creatividad; y sin excepciones, yo la tengo.
Soy una persona con niveles de energía especialmente altos. Parezco necesitar menos sueño y sin embargo me siento estimulada por la vida. Vivo y soy sana. Puedo hacer acopio de tremendas rachas de energía para completar una tarea porque escojo comprometerme en ella considerándola como una actividad estimulante que me hace sentirme estimulada en el momento presente. Esta energía no es sobrenatural: es simplemente el resultado de mi amor a la vida y a todas las actividades que ella brinda. No sé aburrirme. Todos los acontecimientos de la vida ofrecen oportunidades de hacer, pensar, sentir y vivir, y sé aplicar mi energía en casi todas las circunstancias. Si me encarcelaran, emplearía mi mente en divagaciones creativas para evitar la parálisis de la falta de interés. No hay aburrimiento en mi vida porque yo canalizo la misma energía que tienen otros de manera productiva para mí misma.
Soy agresivamente curiosa. Nunca sé lo suficiente. Busco siempre más y quiero aprender cada uno y todos los momentos presentes de mi vida. No me preocupa hacerlo bien o haberlo hecho mal. Si algo no resulta, o no logra grandes beneficios, entonces lo descarto en vez de lamentarlo. Soy buscadora de la verdad en el sentido de aprender cosas, siempre estimulada por la posibilidad de aprender más y sin llegar a creer jamás que ya soy un producto terminado. Si estoy con un barbero me intereso por los problemas de este oficio. No me siento nunca superior ni actúo como si lo fuera, ni alardeo de mis méritos para que otros me aplaudan. Aprendo de los niños, de los corredores de bolsa y de los animales. Quiero saber más sobre lo que significa ser un herrero o un cocinero, una fulana o el vicepresidente de una corporación. Soy una estudiante que aprende, no profesor que enseña. Nunca tengo los conocimientos suficientes y no sé comportarme como snob ni sentirme superior puesto que nunca me siento así. Cada persona, cada objeto, cada acontecimiento representa una oportunidad para saber más. Y soy agresivo en mis actitudes respecto a mis intereses, sin esperar que la información me salga al paso, sino que voy tras ella. No tengo miedo de hablar con una camarera, o preguntarle al dentista qué se siente cuando uno tiene las manos en la boca de la gente todo el día, o preguntarle a un poeta el significado de tal o cual frase.

No tengo miedo al fracaso. No equiparo el éxito en una empresa con el éxito como ser humano. Puesto que mi autovaloración me viene del interior, puedo observar los acontecimientos externos objetivamente y pensar sencillamente que son eficientes y positivos o ineficientes y negativos. Sé que el fracaso es sólo un índice de la opinión de otra gente y no hay que tenerle miedo puesto que no puede afectar mi autovaloración. Así, me atrevo a probar cualquier cosa, a participar en las cosas simplemente porque es divertido y no tengo miedo a tener que explicarme a mí misma. Igualmente nunca escojo la ira que inmoviliza. Usando la misma lógica (sin tener que repensarla cada vez puesto que se ha convertido en un modo de vida), no me digo a mí misma que la otra gente se debería comportar de una manera distinta a la habitual o que los hechos deberían ser diferentes. Acepto a los demás como son y trabajo para cambiar los hechos que me desagradan. Así, la ira es imposible porque no existen las falsas o exageradas pretensiones. Soy capaz de eliminar las emociones que de alguna manera son autodestructivas y de alentar las que me sirven para crecer.
No soy nada defensiva. No hago jugarretas ni trato de impresionar a los demás. No me visto para agradar a los demás y lograr su aprobación, ni tampoco cumplo con el ritual de explicarme a mí misma. Actúo con gran sencillez y naturalidad y no me dejo seducir para hacer alharacas sobre cosas pequeñas o grandes. No soy terca discutidora: yo expreso simplemente mis puntos de vista, escucho los de los demás y reconozco la futilidad de tratar de convencer a alguien para que sea como yo. Y digo simplemente: “Eso está muy bien: somos diferentes, esto es todo. No tenemos que estar de acuerdo”. Y dejo las cosas así sin necesidad de ganar una discusión o de persuadir a mi contrincante de lo equivocado de su posición. NO tengo miedo a causar una mala impresión, pero tampoco hago lo posible por causarla.
Mis valores no son valores locales. No me identifico con la familia, el vecindario, la comunidad, la ciudad, el estado o el país. Me considero a mí misma como parte de la raza humana y para mí un austriaco cesante no es mejor ni peor que un californiano cesante. No soy patriótica respecto a una frontera especial. Más bien me veo a mí misma como parte de la humanidad. No siento alegría porque haya más muertos en el campo enemigo ya que el enemigo es tan ser humano como el aliado. No sigo las normas hechas por los hombres que describen la manera de tomar partido. Trasciendo las fronteras tradicionales, lo que a menudo es motivo para que otros me clasifiquen como rebelde o traidora.
No tengo héroes ni ídolos. Miro a toda la gente como seres humanos y no coloco a nadie sobre mí misma en importancia. No exijo justicia en cada ocasión. Cuando otra persona tiene más privilegios que yo, lo veo como un beneficio para esa persona más que como un motivo para sentirme infeliz. Cuando juego con un contrincante, quiero que le vaya bien en vez de desear que juegue mal para ganar. Quiero ser victoriosa y eficiente por mis méritos en vez de ganar por las fallas de los demás. No insisto para que todos seamos igualmente dotados, sino que miro hacia dentro de mí misma para buscar mi felicidad. No soy crítica y tampoco siento placer por las desgracias ajenas. Estoy demasiado ocupada siendo yo misma para fijarme en lo que hacen mis vecinos.

Más significativamente aún, me amo a mí misma. Estoy motivada por un deseo de crecer y siempre que me dan la opción para hacerlo, me trato muy bien a mí misma. No tengo espacio para sentir autocompasión, ni autorrechazo, ni para odiarme a mí misma. Si me preguntas: “¿Te quieres a ti misma?”, recibirás una respuesta muy sonora y afirmativa: “Por supuesto que sí”. Soy en realidad un ave rara. Cada día es un deleite. Lo vivo enteramente disfrutando de todos mis momentos presentes. No es que no tenga problemas, pero no estoy inmovilizada emocionalmente a causa de mis problemas. La medida de mi salud mental no reside en que resbale, sino en lo que hago cuando resbalo. ¿Acaso me quedo allí lamentándome de mi caída? No, me levanto, me sacudo el polvo y sigo atareada con los quehaceres de la vida. La gente que vive libre de zonas erróneas no corre tras la felicidad, simplemente vivimos y la felicidad, cuando llega, es nuestra retribución.
“Nada hace que la felicidad sea más inalcanzable que tratar de encontrarla. Todas las funciones normales de la vida encierran algún deleite”.

Nos encantaría que opinaras

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .