CON ‘BASTANTE’ BASTA – Adictos a la autoayuda… es hora de parar y vivir un rato

autoayuda

Algunas veces llego a cansarme de estar siempre bregando por ser mejor – de saber que hay formas, infinitas formas, en que puedo mejorarme a mí misma o a miembros de mi familia inmediata.

Cuando me siento realmente baja de moral, pienso en cuánto queda por avanzar. Podríamos, por ejemplo, empezar nuestro propio huerto, usar aquel producto cultivado en casa para cocinar deliciosas y saludables comidas, y emplear como abono las sobras en el aparato de compostaje del que todavía no disponemos. Luego podríamos apagar -o incluso tirar a la basura- la televisión y leernos unos a otros los clásicos mientras nos sentamos en nuestras sillas talladas a mano.

Pero no va a ser así. No es que ninguna de esas ambiciones sea un imposible. Pero no son prioritarias. Y aún así, en determinados momentos se siente como si debieran serlo (excepto tal vez las sillas talladas a mano).

La automejora es un rasgo de raíces muy profundas en América, algo que otras culturas hallan a la vez admirable y divertido. La noción de que nosotros podemos estar constantemente mejorándonos a nosotros mismos es, en teoría, una gran idea.

¿Pero qué ocurre cuando se convierte en un exceso?

“Hay una tendencia a buscar y buscar y buscar y nunca encontrar”, dice Kristen Moeller, creador del sitio web selfhelpjunkie.com (¿Su lema? “Deja de Esperar. Empieza a Vivir”). Llega a convertirse en una adicción.

No es cuestión de que intentar encontrar maneras de mejorarnos sea una mala cosa. En absoluto. “El alcance de un hombre no debiera exceder su agarre”, escribió el poeta Robert Browning [En español se podría decir “El que mucho abarca, poco aprieta”]. Sin embargo nosotros estamos constantemente tratando de alcanzar, en lugar de hallarnos de vez en cuando satisfechos con lo que tenemos en frente de nosotros. Y eso es una receta para la insatisfacción perpetua.

“Crecimos con la idea de que podemos hacer cualquier cosa”, decía Hollee Schwartz Temple, una profesora de Derecho en la universidad de West Virginia y coautora del libro  “Con que sea bueno y suficiente es perfecto” (“Good Enough Is the New Perfect”, de Harlequin, 2011). “Pero nosotros entendimos que eso significaba que teníamos que tenerlo todo. Y muchas mujeres lo tradujeron como que tenían que hacer todo perfecto”.

La señora Temple y su coautora, Becky Beaupre Gillespie, una periodista, investigaron a un millar de madres de edades comprendidas entre los 30 y los 40 años en todo Estados Unidos, y de ellas entrevistaron a unas cien para su libro. Encontraron que las mujeres se podían clasificar en dos categorías: “nunca es suficiente” y “con esto es suficiente”.

Las mujeres ‘nunca-es-suficiente’ tenían que ser las mejores en todo y a menudo representaban la idea “Necesito ser una superestrella aunque muera en el intento”, según explicó la señora Temple.

Aquellas en la categoría ‘con-esto-es-suficiente’ se encontraban bien, como es evidente, con no ser las mejores siempre y cuando sintieran que lo estaban haciendo lo bastante bien. Pero más importante que como esas mujeres se describían a sí mismas era cómo describían sus vidas.

“Las ‘nunca-es-suficiente’ eran las que más a menudo calificaron su matrimonios de mediocres, o incluso como desastres”, dijo la señora Temple. “Las  ‘con-esto-es-suficiente’ se hallaban más satisfechas y felices en sus matrimonios. Y tenían tantas probabilidades de avanzar en sus carreras como las ‘nunca-suficiente’ “.

Puede que nada de estos hallazgos parezca muy novedoso. No puedes tenerlo todo. La perfección es la enemiga de la bondad. Pero la lucha por encontrar un equilibrio entre el estancamiento y el estrés -hundiéndote en una rutina o corriendo en la ruedecita del hamster- resuena incluso más ahora que pasamos tiempos de crisis, cuando incluso si te esfuerzas al máximo no pareces estar recogiendo las recompensas que esperabas.

“En nuestra cultura, hay tantos mensajes diferentes sobre tener éxito, y encima nosotros intentamos llevar a la práctica todos”, comentó la señora Gillespie. “Necesitamos la valentía de escoger qué definición de éxito es la que queremos”.

Dale Carnegie, con su libro Cómo ganar amigos e influir sobre las personas,  introdujo desde 1955 en Chicago una nueva era de introspección y automejora.

Y la valentía de darnos cuentas de que tenemos la posibilidad de explorar y buscar, pero de que a menudo no hay respuestas -o al menos no las que deseamos, dijo la señora Moeller, autora del libro Esperando por Jack (Morgan James Publishing, 2010). Este libro trata de sus intentos por ponerse en contacto con Jack Canfield, quien escribió el best seller Sopa de pollo para el alma (Heath Communications Inc., 1993). El título y tema de su propio libro se refieren al momento en que la autora cayó en la cuenta de que ella, como tantos otros, estaba aguardando por alguien para que le diese las respuestas, en lugar de mirar en su interior.

“Es natural que un montón de gente busque algo más”, declaró la señora Moeller. “O algo ocurre y ellos hacen esfuerzos por entenderlo”.

Pero no podemos ir por ahí con la idea de que “un día llegaré; un día estaré completo”, agregó. “Es una ilusión esperar por el día en que me habré arreglado“.

Tal búsqueda constante, siguió, lleva a un enfoque en el que estás esperando a vivir tu vida, en lugar a vivirla tal como es. O bien siempre te sentirás deficitario, porque raramente es el camino a la automejora fácil o directo, si ni siquiera es el mismo para todo el mundo.

En su blog la señora Moeller hizo una lista algo irónica de las señales que permiten reconocer a un consumidor de autoayuda basura, y entre ellas se incluyen las siguientes:

  • “Podrías poseer una pequeña isla en el Caribe con todo el dinero que te has gastado en seminarios, retiros, entrenadores personales, talleres y libros de autoayuda, y aún así no estarías satisfecho”.
  • “Tras cada curso que sigues, proclamas que ahora ya sabes que eres perfecto tal como eres, pero entonces oyes hablar de este nuevo curso que realmente suena perfecto, y piensas para ti que tal vez ese sea el DEFINITIVO”.

Intentar encontrar maneras de hacernos sentir mejor no es algo novedoso. La obra de referencia de Dale Carnegie Como hacer amigos e influir sobre las personas se publicó por primera vez en 1936. El primer programa de 12 pasos de Alcohólicos Anónimos arrancó un año antes, en 1935.

Esa lucha por mejorarnos a nosotros mismos y la creencia de que todos podemos lograr el éxito, solo con trabajar lo suficientemente duro y encontrar el camino adecuado, tiene ramificaciones políticas, además de personales.

David Brooks, un columnista del New York Times, escribió en 2003 que los americanos “siempre tiene la sensación de que hay una gran oportunidad aguardando por ellos en el horizonte, al girar la esquina, con el próximo trabajo o la siguiente efeméride”. Y añadió: “Ninguno de nosotros es en realidad pobre; solo somos pre-ricos”.

La idea de que todos tenemos potencial para acabar ocupando la suite ejecutiva de cualquier hotel de lujo es una de las razones por las que los norteamericanos han sido siempre menos propensos que otras cultura a protestar por las desigualdades en ingresos, dijo Daniel Letwin, profesor de historia asociado en la Universidad Estatal de Pensilvania.

Pero el movimiento Ocupa Wall Street y sus derivados puede indicar mar de fondo al respecto.

“A lo largo de la historia de los Estados Unidos se han visto dos tendencias entre los americanos, tendencias que compiten entre sí. Por un lado está la aceptación, incluso la admiración por la gente rica, si la gente compra la idea de que existe igualdad de oportunidades y posibilidad de ascenso social. Por otro lado se halla la indignación cuando las desigualdades en el reparto de riqueza llegan a ser demasiado obvias y grotescas, cuando las expectativas de la gente corriente de mejorar en la vida se bloquean,  sin importar lo mucho que lo intenten, y el sistema parece manipulado [para que solo una élite minoritaria se beneficie]”, dijo Letwin.

El movimiento social Ocupa Wall Street puede verse tanto como una rebelión como un reconocimiento al hecho de que la mayoría de nosotros jamás llegaremos a la cima del poder. Puede que ni siquiera deseemos ese poder, tal y como dijo la señora Temple.

La realidad es, agregó, que “mucha gente está descubriendo que no quiere aspirar a aquello que siempre pensó que deseaba”. 

Por supuesto, yo todavía tengo esperanzas de cultivar maravillosos tomates y sabrosos calabacines y cocinar sabrosas comidas con mi cosecha casera. No es un sueño imposible. Pero de momento dejaré el compostaje en el aire y también dejaré la televisión en su sitio. Después de todo, como estamos aprendiendo, no hay razón para llevar este asunto de la automejora demasiado lejos.

 

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La lucha constante y los perpetuos intentos por mejorarnos a nosotros mismos pueden llevarmos a los mismos estados que intentamos contrarrestar -estrés, fatiga, y el convencimiento de que no somos lo bastante buenos.  En tales circunstancias, una buena dosis de auto-aceptación puede ayudarnos a aliviar la ansiedad, reducir la depresión, y hacer que volvamos a tener una perspectiva optimista.

La práctica de la autocompasión implica:

  • ser amable con nosotros mismos en lugar de criticarnos por nuestros errores y defectos constantemente;
  • conectar con las emociones humanas, tanto las positivas como las negativas;
  • practicar el establecernos con firmeza en el momento presente, el único del que disponemos, y en el que podemos vivir plenamente.

Cuanto más amables y compasivos seamos con nosotros mismos, tratándonos como a nuestro mejor amigo, más mejoraremos en todas las facetas de la vida, y más y mejor cuidado tendremos de nuestro cuerpo y de nuestra alma

PRÁCTICA: Ámate a ti mismo a tope

  1. Consigue una foto de un amigo, mascota o experiencia que amas sin duda.
  2. Ahora reproduce ese tipo de amor, pero redirigido a ti mismo.
  3.  Prueba también a darte un abrazo a ti mismo. Envuélvete con tus brazos alrededor y siente cómo fluye el cariño hacia el interior de ti mismo, mientras te dices: “Te quiero… mucho”. Convierte en un hábito el darte un abrazo una vez al día.

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