Los riesgos de vivir a destiempo – El Mundo

Cuando el barrio empieza a desperezarse y suena por enésima vez el despertador del vecino, Jorge Herraiz se mete en la cama. Su amanecer arranca casi a las tres de la tarde, con la comida ya sobre la mesa. Y, a las diez, mientras su familia se pone el pijama, él comienza su jornada laboral. Este madrileño es uno de los muchos españoles que vive al revés que la mayoría para que todo esté a punto en una sociedad que no descansa. Como técnico de mantenimiento aeronáutico en el aeropuerto de Barajas, se encarga de revisar y reparar cualquier problema en los aviones que despegarán a la mañana siguiente. Su turno es el que acumula una mayor carga de trabajo, precisamente porque se activa cuando los viajeros duermen. “Es como un servicio de urgencias, no paramos”.

Asegura que, aunque sea duro, no cambiaría sus horarios. “Trabajé durante 18 años a turnos rotatorios y, para mí, es mucho peor que estar siempre de noches. Así puedo tener mis rutinas y me organizo mucho mejor”, apunta. Tampoco cambiaría su plan laboral Ana Fernández, pese a que tiene que combinar la media jornada que trabaja como matrona en un hospital público de Madrid con otro empleo en un centro privado de la capital. “Hago seis guardias de 24 horas al mesen el privado y otras seis de 12 horas, casi siempre de noche, en el público. Eso me deja bastante tiempo libre. No es fácil, pero la verdad es que le veo más ventajas que otra cosa”, señala.

Sin embargo, esa vida a destiempo puede pasar factura, sobre todo si no se toman algunas precauciones, aseguran los expertos. Porque el organismo del ser humano está preparado para estar activo de día y descansar de noche y, si se alteran demasiado los mecanismos que marcan esa pauta, aumentan considerablemente las posibilidades de enfermar.

“Los ritmos biológicos, como dormir por la noche o tener la presión más alta durante el día, están controlados por un grupo de relojes internos que forman parte del sistema circadiano”, explica Juan Antonio Madrid Pérez, director del Laboratorio de Cronobiología de la Universidad de Murcia e investigador del CIBER de Envejecimiento y Fragilidad. El reloj más importante, “que actúa como si fuera un director de orquesta“, se encuentra en el hipotálamo y está conectado directamente con los ojos, de los que recibe la información del ciclo de luz y oscuridad. Con esa información, además de la que le dan los horarios regulares de comida, ejercicio y contactos sociales, “el reloj se pone en hora cada día” y sincroniza a su vez a los otros relojes periféricos que, desde el hígado, el riñón o el corazón, realizan su función.

“El director de orquesta utiliza batutas para dirigir a sus músicos y conseguir, por ejemplo, una subida de la melatonina durante la noche, que es quien difunde el mensaje de ‘oscuridad química’ a todas las células de nuestro cuerpo”, aclara. Estos relojes, continúa el investigador, nos permiten anticiparnos a los cambios que suceden en nuestro entorno y organizar procesos fisiológicos antagónicos que tienen lugar en el organismo, pero, cuando llevamos horarios de sueño irregulares, estamos expuestos a una excesiva iluminación nocturna o comemos fuera de horas, se produce una disfunción en su mecanismo, “una cronodisrupción“, que puede alterar la marcha adecuada del cuerpo. “Por ejemplo, nuestros relojes metabólicos y digestivos se encargan de preparar la digestión y el metabolismo de los nutrientes de la comida”.

Sin embargo, cuando se altera ese patrón, se elimina esa ‘previsión’, “de ahí que esté demostrado que comer a destiempo altere la digestión y favorezca el acúmulo de grasa”. Lo mismo ocurre con el sueño u otras funciones fisiológicas.

“El trabajo a turnos tiene un impacto sobre nuestra salud en general y particularmente sobre el reloj biológico y el sueño. En algunas personas, ciertos tipos de trabajo a turnos pueden ser cronodisruptores, lo que quiere decir que desajustan el funcionamiento de nuestros relojes internos y ello induce una aceleración o agravamiento de ciertas patologías, como trastornos de memoria, bajo estado de ánimo, depresión inmunológica, alteraciones reproductivas, síndrome metabólico, insomnio, envejecimiento y puede empeorar el desarrollo de ciertos tipos de cáncer, como el de mama o próstata”, señala Madrid.

Ana Barba, médico de Urgencias en el Hospital Santa Lucía de Cartagena, está convencida de que sus horarios de trabajo tuvieron mucho que ver en el desarrollo de la diverticulosis (formación de pequeñas bolsas en el tracto gastrointestinal que pueden inflamarse e infectarse )que padece. Lleva once años trabajando con una cadencia que le hace combinar un día de tarde (15 a 22), con dos de mañana (8 a15), una guardia de 24 horas y dos días de libranza, lo que, en la práctica, supone “que nunca comes ni duermes a la misma hora”. Esa irregularidad también se reflejaba en el momento de ir al baño, lo que terminó pasando factura a su intestino, asegura.

Ahora, intenta en la medida de lo posible llevar ciertas rutinas y no posponer las visitas al aseo. Pero “teniendo que cambiar todos los días la hora a la que sonará el despertador”, le resulta complicado seguir un mismo patrón de sueño.

El primer signo de que los relojes no están funcionando correctamente es el insomnio, un síntoma que a menudo da la cara cuando el desajuste ya es prolongado, señala Javier Albares, coordinador del grupo de trabajo de Cronobiología de la Sociedad Española de Sueño y especialista del Centro Médico Teknon. Por eso, como medida de prevención, la recomendación para los empleados que no tienen siempre unas mismas rutinas diunas es que, en la medida de lo posible, intenten, como Ana Barba, imitar “el patrón de regularidad, contraste y sincronización” que marcan los relojes biológicos y sigan unos hábitos regulares, diferencien claramente los periodos de actividad y descanso e intenten adecuar los estímulos lumínicos a estos periodos.

“Hay que intentar que el desajuste sea el mínimo, ya sea adaptándose a una nueva rutina si se tiene un turno fijo o haciendo que los turnos variables sean lo menos perjudiciales posible. En ese sentido, está demostrado que los turnos muy cortos o muy largos son menos disruptores que los semanales, que son muy comunes pese a que el organismo no se adapta bien a ellos”, señala Albares. De cualquier forma, Madrid recuerda que “la adaptación al trabajo a turnos es un fenómeno donde existe una gran variabilidad interindividual, en función de los cronotipos del trabajador [si es más activo por las mañanas o por las noches) y las obligaciones familiares o sociales que tenga”.

La norma fundamental que nadie debería saltarse, coinciden los especialistas, es “no robar horas al sueño” para hacer tareas pendientes o adaptarse al horario de la mayoría. Por tentador que parezca, hacerlo repetitivamente tiene un impacto en la salud, subrayan.

“La importancia del sueño se subestima totalmente. Se ha menospreciado el papel del sueño a nivel cultural y social”, señala Albares, quien lamenta que “hayamos interiorizado frases como que dormir es perder el tiempo o de débiles” y siempre sea el descanso nocturno “lo primero que reducimos ante una falta de tiempo”. “Pero dormir es fundamental. Es clave para conseguir el estado de alerta que exigen muchos trabajos. De hecho, está demostrado que la somnolencia estuvo detrás, al menos en parte, de accidentes como el de Chernobil, Exxon Valdez o el del Challenger”, indica.

Cuando el exterior no cambia

Algunos trabajos hacen especialmente difícil el ajuste de los relojes biológicos a las condiciones del exterior. Lo sabe bien Andrés Barbosa, investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales, que este año ha trabajado dos meses en la Antártida, en condiciones de día continuo, analizando los efectos del cambio climático en la fisiología de los pingüinos.

Vivir sin noche impacta en la forma de trabajar, asegura. “Intentamos marcarnos unos horarios y levantarnos o comer a las horas indicadas. A veces hay que obligarse, incluso a dejar de trabajar, porque por la luminosidad no tienes la sensación de que el día se acaba y, si te descuidas, tus días acaban teniendo 30 horas, en vez de 24”. “Recuerdo en una ocasión en la que estaba trabajando fuera de la base. Estaba muy concentrado y miré el reloj pensando que serían sobre las cuatro cuando en realidad eran las siete. Y no tenía para nada esa sensación. La luz es muy importante”.

La cronodisfunción, coinciden en señalar los expertos consultados, suele dar la cara fundamentalmente a través de un problema de sueño. En un primer momento, el paciente refiere problemas para dormir, un gran cansancio y afectación del estado anímico, aunque, tal y como señala Alfonso Apellániz, presidente de la Sociedad española de Medicina y Seguridad del Trabajo, muchas veces este síntoma aparece tras muchos años de desregulación.

El insomnio es el primer paso, pero puede traer de la mano otros problemas graves, como los trastornos cardiovasculares o un mayor riesgo de infecciones, entre otros problemas que cada vez son más patentes.

Recientemente, una revisión publicada en la revista Science ha puesto sobre la mesa los lazos que unen sueño y neurodegeneración. Según el trabajo, pese a que hasta hace poco se consideraba que los problemas de sueño eran un síntoma de muchas enfermedades neurodegenerativas, cada vez hay más evidencias de que estas dificultades para dormir “pueden contribuir directamente a la patogénesis”; es decir, forman parte de los procesos involucrados en su génesis.

“Hoy sabemos que el sueño es absolutamente necesario para que se limpie nuestro cerebro de depósitos tóxicos producidos durante el periodo de vigilia. Si este sistema de limpieza no se activa regularmente cada noche, el riesgo de que aparezcan daños producidos por estos depósitos aumenta”, aclara J. Antonio Madrid.

Quienes trabajan siempre de noche o a turnos son los más expuestos a estos riesgos, pero en esta sociedad en la que “las noches cada vez tienen menos horas” nadie es inmune a la desregulación de sus relojes biológicos, advierte Albares, quien reivindica la necesidad de desconectar, apagar la luz y dormir.

Anuncios

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Gil dice:

    Muchas gracias maya! Justo acabo de terminar tu libro “como terminar con los ataques de ansiedad ” y poner en prueba lo de “ir por el tunel” y dejarlo ser ….por primera vez en meses me siento libre! De corazón mil gracias

    Me gusta

Nos encantaría que opinaras

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.