RELACIONES Las 5 habilidades que necesitarás para vivir feliz en pareja

Resulta que muchas de las técnicas que te enseñan a aplicar los psicólogos, terapeutas, o gurús y libros de autoayuda para aliviar relaciones difíciles no sirven cuando se trata de tu pareja. Tal vez sea porque la cercanía hace que los roces sean más dolorosos y bloqueen tu discernimiento, de forma que las bienintencionadas sugerencias caen en el olvido más absoluto cuando se arma el belén.

Los inconvenientes

  1. Suena a falso: sí, suena a falso cuando uno de los dos, o incluso los dos a la vez, intentan ser asertivos. Que te digan «entiendo lo que sientes», no sé a ti, pero a mí no me calma en absoluto, más bien me dan ganas de darle con algo en la cabeza, por cursi. Y además no me creo que sea verdad. Con lo cual el enfrentamiento podría recrudecerse en lugar de bajar de tono.
  2. Los mensajes no verbales dicen otra cosa:  por mucho civismo que le intentéis poner, estáis captando todo el rato de forma más o menos inconsciente el tono de voz, la expresión facial y el lenguaje corporal del otro.  Y eso no ayuda: más bien lo contrario.
  3. Tus habilidades comunicativas, que tan buen resultado te dan en tu trabajo, fallan miserablemente con tu otra mitad.  Incluso aunque te comuniques bien con el resto del mundo, cuando se trata del amor de tus amores, entra en juego una intensa  carga emocional, y te bloqueas.
  4. La técnicas aprendidas suelen fallar cuando la gente más las necesita: Ley de Murphy a pleno rendimiento. Porque cuando has aprendido esas técnicas estabas usando el raciocinio y en cambio con tu pareja priman las emociones, lo que dificulta el control mental necesario.
  5. Incluso si logras aplicar alguna técnica de autoayuda con la cabeza fría, eso no servirá para uniros más. Todos esos talentos aprendidos para solucionar conflictos no sirven para unir más a la pareja.  Es como pretender emplear una fórmula matemática para educar a un niño.

Las habilidades que SÍ funcionan

A continuación exponemos algunas de las auténticas habilidades que puedes necesitar para reparar daños en tu pareja.

  1. Descubre los auténticos motivos de discusión: Los niños, el dinero o el ser siempre impuntual o desconsiderado no son los auténticos puntos de fricción. Hay que profundizar más para encontrar el motivo real, que puede ir desde sentirse solo, a temer que te abandone,  a sobrecarga de uno de los miembros de la pareja mientras el otro se toma la vida más a la ligera… Hay un desequilibrio de base que es necesario abordar, no las manifestaciones superficiales del problema. Y los dos componentes de la pareja tienen que abordarlo, con seriedad, a menos que quieran que con el tiempo la relación se pudra de forma irremediable.
  2. El efecto ‘visión de túnel’: Este efecto proviene de los tiempos del hombre prehistórico, cuando las amenazas eran inmediatas y entonces necesitaba concentrarse en la autodefensa, sin perder el tiempo en detalles, el entorno o tratar de entender al adversario. Cuando te sientes herido, rechazado, o amenazado o traicionado por tu pareja, se activa. Y claro, aunque es una respuesta muy útil en caso de ataque físico, no sirve para nada en un debate de pareja, salvo tal vez para encarnizarlo o perpetuarlo.  Cuanto más activas tus mecanismos  de defensa, más amenazada se siente tu pareja,y a su vez se pone en modo defensivo. Ya tenemos la situación bloqueada. Es necesario aprender a no activar este modo defensivo, y para ello resulta útil fijarse en los desencadenantes a partir de los cuales se pone en marcha la situación. Por ejemplo, sientes que cargas con todo el trabajo en casa y procuras aguantarte. Pero en algún momento tu pareja hace un comentario o pregunta sobre algo que has tenido que solucionar sola, y entonces tu ira se desboca: «Si me hubieses ayudado, lo sabrías. Pero como siempre tengo que hacerlo todo yo…».  El problema de fondo es que te sientes sola, y el desencadenante paradójicamente se produce cada vez que  tu pareja se interesa por las cosas de la casa. Si en vez de enzarzaros como siempre, hacéis la lista de cosas juntos y os la repartís, tal vez puedas aceptar que tu pareja tenga menos responsabilidades que tú en casa, puesto que según arguye su trabajo es a jornada completa y el tuyo solo de media jornada, por poner un ejemplo.  El caso es que si no activáis la visión de túnel, porque detectáis el desencadenante a tiempo,  es más fácil llegar a un acuerdo.
  3. Crear un espacio de seguridad donde no tengáis que estar a la defensiva. Si estáis a la defensiva no se consigue nada. Y tu pareja puede considerar tus intentos de defenderte como un ataque hacia ella, lo cual empeorará las cosas. Tendrás que hacer un esfuerzo y realmente escuchar, sin preparar tus respuestas mentalmente, ni cortar a la otra persona cuando habla,  ni saltar indignada. Cuesta, pero imagina que tienes una mordaza y dejas hablar. Sin réplicas. Sin debate sobre quien tiene razón. Eso ayudará a que se sincere y esté más tranquila la otra persona. Una vez que se haya asentado ese espacio de confianza, es más fácil que podáis debatir con tranquilidad sin subir el tono. Pero primero escucha, escucha mucho.
  4. Tendrás que aprender a abrirte, y a mostrar tu debilidad, si realmente quieres una pareja sólida: Es como el salto de fe medieval: da mucho miedo, pero hay que  transitar por un camino invisible sobre el precipicio si realmente deseas que tu relación valga la pena. Necesitas superar el miedo al ridículo o a las críticas, y enseñar a la otra persona tu parte más escondida y herida. Es la única manera de formar y consolidar una auténtica relación.
  5. También deberás aceptar los intentos de intimidad de la otra persona: Que a lo mejor tú deseabas una persona fuerte, que te diera seguridad, por ejemplo, y descubres que también llora, y a veces incluso está más asustada que tú. Es todo parte de ser humano. Si realmente quieres a esa persona, en algún momento tendrá que haber una comunión de almas, donde cada uno vea la totalidad del otro, con fallos y problemas y pasado incluido. Esa comunión debe mantenerse en el tiempo. El truco es ir solucionando los conflictos sobre la marcha, sin perder la conexión. Pero eso tampoco significa que estéis todo el tiempo próximos: en una relación a largo plazo hay, como en una vuelta ciclista, etapas de montaña y etapas en llano, temporadas donde la intimidad será escasa y otras donde os volváis de nuevo el uno hacia el otro y reavivéis el fuego. El truco consiste en no perder nunca del todo, por muy liados que os halléis con otras cosas, el hilo que os une. 

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