Un método simple: así es como pasé de ser un derrochador a ahorrar más que nunca

Hasta hace menos tiempo del que quería confesar, mi relación con el dinero era desastrosa. No tenía una planificación real y profunda, así que el ahorro era nimio y poco menos que azaroso. En cuanto venía un gasto imprevisto (y no tan imprevisto, simplemente que no fuese mensual) mi cuenta tendía a quedarse a cero, o casi. Una situación fea que no se justificaba con mis ingresos, no excesivos pero sí por encima del mileurismo.

Harto de esa situación cronificada, hace más o menos un año comencé a emplear un método que ha sido mi salvación y ha cambiado por completo mi panorama financiero. Antes de empezar, cuatro notas importantes:

  • Ningún método es eficaz si no viene acompañado de predisposición y fuerza de voluntad para cumplirlo. No hay app ni hoja de Excel en el mundo que haga magia con nuestro dinero.

  • Este es el método que a mí, personalmente, me ha servido como ningún otro. Hay quien no necesita algo así porque en su ADN ya hay una fuerte conciencia de ahorro y puede haber quien necesite algo más drástico.

  • Muchos dirán que esto es el método YNAB. Lo cierto es que empecé a aplicarlo simplemente pensando en presupuestar y en que no me pillasen mal los gastos grandes no mensuales, antes de saber en qué consistía YNAB, que es algo más estricto y fenomenal en cualquier caso.

  • Ante situaciones complicadas como “cobro 900 euros, tengo hijos y vivo en Madrid” hay poco que hacer más allá de huir de una ciudad cara o buscar formas de aumentar los ingresos. Esto es para quien tiene una situación que puede ser algo más holgada.

Presupuestando al céntimo

Lo primero que hice fue extraer un PDF con mis movimientos bancarios de los últimos tres meses. Pago absolutamente todo con tarjeta, así que pude ver muy claro en qué gastaba el dinero al detalle. Siempre es duro ser consciente de tus pecados, y no fue un trago dulce ver mis gastos de esa forma. Pero sin duda, fue necesario.

Luego anoté todos los gastos no-mensuales, de periodicidad bimensual, trimestral, semestral o anual, y la cantidad que suponen, exacta o aproximada si es variable.

A partir de ahí, creé un presupuesto que no tiene en cuenta únicamente los gastos mensuales, sino que prorratea mensualmente el resto de gastos. Las cifras que uso son ficticias, a modo de ejemplo (ya sé que con el plan familiar de Spotify se ahorra dinero):

Ingresos
Sueldo: 1.500 euros
Colaboraciones por 250 euros.
Total: 1.750 euros.
Gastos
Alquiler: 225 euros (mi parte, mi pareja pone la otra mitad)
Gasolina: 70 euros (mi parte, mi pareja pone la otra mitad)
Supermercado: 100 euros (mi parte, mi pareja pone la otra mitad)
HBO: 4 euros (mi parte, mi pareja pone la otra mitad)
Fibra + móvil: 30 euros (mi parte, mi pareja pone la otra mitad)
Letra del coche: 120 euros (mi parte, mi pareja pone la otra mitad)
Spotify: 10 euros
Gimnasio: 30 euros
Monedero para ocio mensual (salir sin mi pareja, caprichos, peluquería, etc): 150 euros
En total, 739 euros. “Sobran” 1.011 euros.

Otro apunte: para controlar la evolución de ese “monedero” mensual y saber cuánto nos queda por gastar, podemos optar por alguna utilidad de la app de nuestro banco, por crearnos una tarjeta específica aislada de nuestra cuenta corriente en la que recarguemos ese dinero cada mes, o por alguna app tipo Pennies en la que ir anotando gastos. A elección.

Esto ya da para tener mucha mejor perspectiva de cuánto podemos gastarnos para no castigar o neutralizar el ahorro. Pero hay más: los gastos anualizados. Sigo con el ejemplo:

El seguro del coche: 360 euros al año. Mi parte son 180 euros al año. 180 entre 12 = 15 euros al mes. El impuesto de circulación son 60 euros al año, mi parte son 30 euros. 30 entre 12 = 2,5. La revisión son 200 euros al año (más variable, pero para que se entienda). 200 entre 12 = 16,7 euros al mes. En total, 15 + 2,5 + 16,7 = 34,2 euros al mes es lo que tengo que apartar cada mes para los gastos derivados del coche. Quedaría así:

Coche: 34,2 euros

Mi declaración de la renta suele salirme a pagar, ya que los autónomos tenemos una tributación fija del 15% imposible de modificar (como sí puede hacerse al estar contratado por cuenta ajena). y además no tengo demasiados gastos que deducirme. Estimo unos 600 euros. 600 entre 12 = 50 euros al mes. Además, contrato a una gestoría para que la haga por mí. Cobra 60 euros por ello. 60 entre 12 = 5 euros al mes. 50 + 5 = 55.

IRPF: 55 euros.

Presupuesto unos 50 euros por persona y efeméride a la hora de hacer un regalo (cumpleaños, navidades….). Antes gastaba muchísimo más, hasta que aprendí a acordar importes más razonables que no se lleven por delante la economía mensual. Me suelo pasar un poco, así y todo, pero no hace estallar mis presupuestos como antaño. Además, a final de cada año miro las bodas, comuniones y similares que tendré a lo largo del año siguiente. Tengo 29 años, así que es un año cargado en ese sentido. Las multiplicaciones y sumas salen a unos 60 euros al mes para 2019.

Bodas y regalos: 60 euros.

Cuando vuelvo de vacaciones pienso con mi pareja dónde iremos un año después y qué coste aproximado podrá tener ese viaje. Pongamos un viaje de 1.200 euros por persona. División fácil.

Vacaciones: 100 euros.

Antes gastaba impulsivamente a la hora de comprar ropa. Ya no. Asigno 30 euros mensuales a esa partida. Cuando necesite comprar ropa, podré comprar como máximo por el valor que haya acumulado en esta partida.

Ropa: 30 euros.

Para trabajar uso un MacBook, pongamos que me cuesta 1.500 euros y me dura cuatro años. Eso son 48 meses. 1500 entre 48 = 31,25 euros.

Y así con todas las demás partidas que puedan surgir: IBI (si tenemos una casa en propiedad), seguro de vida, seguro del hogar, etc. Incluso podemos ahorrar para la factura eléctrica en invierno, que se suele disparar, y equilibrar ese aspecto. Cualquier gasto previsible pero no mensual.

Recapitulando:

Coche: 34,2 euros
IRPF: 55 euros
Bodas y regalos: 60 euros
Vacaciones: 100 euros
Ropa: 30 euros
MacBook: 31,25 euros
Total: 310,45 euros

Del excedente mensual de 1.011 euros, gasto 310,45 euros. Puedo ahorrar así 700,55 euros al mes.

Resumen final de este apartado:

1.750 euros mensuales ingresados
739 euros gastados en gastos mensuales
310,45 euros ahorrados al mes para futuros gastos durante el año
700,55 euros ahorrados sin un propósito cercano

Insisto: son cifras inventadas, mi método es el mismo pero los números no.

¿Cómo reparto este dinero? Mi banco permite un número ilimitado de cuentas de ahorro sin tener que pagar comisiones por ellas. Así que abrí una por cada partida concreta (Coche, IRPF, Bodas y Regalos, Vacaciones, etc) en la que destino tras cobrar la nómina cada importe presupuestado. Luego tengo una cuenta de ahorro general, y la corriente.

Si tu banco no cuenta con esta opción, se puede añadir todo a una única cuenta de ahorro, de la cual sabrás gracias a llevar al día tu contabilidad qué cantidad corresponde a cada partida. Que a fin de cuentas es como funciona YNAB.

El día a día
Como he dicho al principio, ningún método ni app hacen magia y multiplican el dinero. Para ahorrar más cada mes hay dos vías: o se ingresa más, o se gasta menos. E ingresar más sin planificar nada acarrea un peligro, que es hacer que el gasto también aumente, con lo cual no nos servirá ese aumento para ahorrar más, que se suponía que era el propósito.

Este método es bastante estricto, y aunque siempre puede haber imprevistos (también se pueden crear partidas para ello de forma indefinida, o dejar de aportar a ella tras llegar a 1.000 euros, por poner un ejemplo redondo) y algunas cifras bailarán y tendremos que aportar dinero de nuestro ahorro para equilibrar las cuentas, por lo general funciona muy bien. No obstante, contener los gastos y eliminar lo superfluo es primordial si queremos ahorrar. Las financiaciones son tentadoras, pero endeudarse salvo que sea realmente necesario (como pueda ser una hipoteca) es una trampa. Suele ser mejor idea hacerlo a la inversa: ahorrar mes a mes hasta que tengamos suficiente como para pagarlo de golpe.

Las excusas del tipo “es que si recorto en todo esto, ¿para qué vivo?” o similares son eso, excusas. Está fenomenal pulirse todo el sueldo y no ahorrar ni un céntimo si es lo que uno quiere, faltaría más. Pero para eso no hace falta poner excusas. Y sobre todo, las excusas no ayudan a ahorrar, al contrario. La fuerza de voluntad y un buen método, sí.

Ser perezoso a la hora de hacer la cena y acabar tirando de comida a domicilio o restaurantes como costumbre queda genial en las series de TV, pero lastrará nuestra economía: es mejor tener fuerza de voluntad y aprender a cocinar. La ropa cara no nos suele hacer tan guapos ni interesantes como pensamos, con los 120 euros que pagué por unas zapatillas tengo para cuatro pares a 30 euros o tres pares a 40 euros, por decir algo. Aunque realmente es “40 euros y me ahorro 80”.

Por supuesto que podemos darnos algún capricho eventual o seguir siendo sibaritas en algo concreto, pero convertirlos en costumbre o habituarnos a tener muchos pequeños caprichos hace que dejen de ser eventuales para ser rutina, y por tanto, dinero dilapidado. Y por mucho que nos empeñemos, ningún método nos ayudará a ahorrar, como pretendemos, si no somos capaces de decirnos más veces “no” que antes. El camino al infierno está empedrado de buenas intenciones.

SI NO CONTROLAMOS DE VERDAD NUESTRAS FINANZAS ES FÁCIL CAER EN GASTOS SUPERFLUOS, O EN PAGAR MUCHO MÁS DE LO NECESARIO EN UN PRODUCTO, COMO UNAS ZAPATILLAS O UN VIAJE
Seguramente no nos hace falta tener cuatro servicios de vídeo bajo demanda al mismo tiempo. Jugar con darnos de alta y baja de uno y otro en función del mes y de los estrenos que vayan a llegar reducirá nuestro gasto en torno a un 75%.

Y un montón de ejemplos en esta línea. Los pequeños gastos que parecen tonterías a menudo son los que nos cambian la economía de cada mes, y son de los primeros que hay que controlar. Un desayuno junto al trabajo cuesta… ¿2,5 euros? Con 2,5 euros podemos comprar 28 rebanadas de pan de molde en Mercadona y un cuarto de kilo de café molido para desayunar en casa.

No se trata de cortar de raíz todo gasto, pero sí de ser honestos con nosotros mismos y reducir gastos superfluos. 2,5 euros es una cantidad ridícula. 2,5 euros por 22 días laborables son 55 euros al mes, 605 euros en once meses (el otro, de vacaciones), 6.050 euros tras diez años. ¿Te hace muy feliz desayunar cada día por 2,5 euros en la cafetería? Adelante, hazlo. Ya recortarás de otro lado. Pero si te niegas a recortar nada es imposible pensar en ahorrar.

Llevar una bolsa de tela al supermercado en lugar de pagar por la bolsa de plástico, pagar por el Internet que necesitamos en lugar de grandes tarifas convergentes a las que no sacamos partido, conducir con suavidad y anticipación en lugar de dando acelerones y frenazos, caminar e ir en bici o metro en lugar de coger el coche por norma… Hay un montón de pequeños detalles que ayudan a restar euros gastados al final del mes.

También son pequeños detalles que ayudan a cultivar una mentalidad que se va a extender a todo lo demás. Si estás acostumbrado a gastar sin miramientos, difícilmente apreciarás la necesidad de cambiar ciertos hábitos. Gastar menos dinero al mes también sirve para sobrevivir más tiempo en caso de tragedia en forma de desempleo de larga duración. Y sobre todo, ver cómo va creciendo el montón acumulado es tranquilidad, la misma que antes brillaba por su ausencia en cuanto llegaba un gasto imprevisto y nos echábamos a temblar pensando en cómo afrontarlo. De lo que hacer con el dinero una vez el colchón toma cierta envergadura es algo que mejor dejo a mis compañeros de El Blog Salmón.

Ahorrar = invertir en tranquilidad y en nosotros mismos

Mi resumen del párrafo anterior: tras tener suficiente liquidez para poder sobrevivir durante un año en caso de quedarme sin ingresos (los gastos mensuales multiplicados por doce) o para poder acometer un proyecto concreto, como dar la entrada para comprar una vivienda, invertir el dinero para que la inflación no se coma mis ahorros.

¿Invertir en qué? Cada cual sabrá lo que más le conviene o mejor conoce, también en función del nivel de riesgo que pueda tolerar: un roboadvisor, acciones bursátiles, oro, índices, patrimonio inmobiliario como plazas de garaje o bajos comerciales… Esa es otra cuestión.

También ayuda mucho leer sobre finanzas y economía. Padre Rico, Padre Pobre, aunque tiene algún punto inaplicable en España o en pleno 2019, ayuda a sentar bases para quien no ha aprendido nada de cultura financiera en su entorno familiar y cree normal gastar el 100% del sueldo cada mes y endeudarse alegremente. El Millonario de la Puerta de al Lado sirve para comprobar que conseguir grandes ingresos no tiene por qué equivaler a grandes gastos. Son solo un par de ejemplos. Formarse en finanzas hace que lo que nos gastamos en libros pase de ser un gasto a ser una inversión.

https://magnet.xataka.com/en-diez-minutos/metodo-simple-asi-como-pase-ser-derrochador-a-ahorrar-que-nunca

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